El escenario político en Sudamérica toma una nueva cara con el probable triunfo electoral de la izquierda en Perú, en la figura del maestro rural y líder comunitario Pedro Castillo, quien se estaría imponiendo a la administradora de empresas Keiko Fujimori, hija del actualmente preso, el ex presidente por múltiples causas, Alberto Fujimori.
La correlación de fuerzas de gobiernos nacionales y
populares asediados por la derecha mundial en esta parte del continente sumaría
un nuevo actor, ya que el país incaico pasaría al bloque donde ya están
Venezuela, Argentina, Bolivia, al que habría que sumar los grandes avances
populares y con buenas perspectivas de gobierno en Chile y Brasil.
No obstante, la situación no se presenta fácil en Perú,
debido a que Castillo no ingresaría al Palacio de Pizarro con mayoría en el
Congreso (35 legisladores para 130 escaños) y enfrentado a toda la
parafernalia de guerra de los poderosos medios de comunicación y cámaras
empresarias, por lo que deberá trabajar en consensos políticos para desarrollar
su programa de gobierno, entre ellos, un sistema más justo en la explotación
del gas para los peruanos y la erradicación de las AFP (sistema de reparto de
la jubilación). Además, lo más urgente, revertir la situación de un país muy
afectado por la pandemia, crisis económica galopante y altos niveles de
desempleo. Actualmente, Perú es el primer país con mayor cantidad de fallecidos
por COVID por millón de habitantes, si bien se ha intensificado la vacunación.
Un dato que no es menor al plantear las dificultades del
probable nuevo gobierno de Castillo, es el lastre que tiene en el jefe del
partido, Vladimir Cerrón, un ex gobernador depuesto por corrupción, situación
que la prensa se ha ocupado en todo momento de recordar durante la campaña.
En tanto por estas horas, mientras Castillo y su equipo de
gobierno empiezan a concertar reuniones con otros representantes políticos para
alcanzar acuerdos mínimos de lo que será el inicio de un nuevo gobierno, una
minoría acomoda sale a la calle a escrachar autoridades electorales y a tocar
las puertas de los cuarteles, retrotrayendo siglos de avance a la democracia.
Inestabilidad
política
Después de las elecciones generales en abril en las que
Castillo, del partido Perú Libre, ganó con más del 19 %, en contra de un 13 %
de Fujimori, que enfrenta una acusación penal y un pedido de 30 años de cárcel
por lavado de activos y otros delitos, los números dan cuenta de la poca
participación de los ciudadanos, si bien el voto es obligatorio, pero se
explica por el gran descreimiento en la política, una característica histórica
de la sociedad peruana.
Las protestas el año pasado en contra de los congresistas,
generó la destitución de Martín Vizcarra, que gobernó durante dos años. Fue
vicepresidente del vacado por “incapacidad moral”, el “Chicago Boy” Pedro Pablo
Kuczinski. Las protestas se intensificaron con la asunción de Manuel Merino y
finalizó con el remplazo por el moderado Francisco Sagasti, a quien le tocó un
gobierno de transición de cara a las nuevas elecciones.
Quizá el gran error de la clase oligárquica limeña fue el no
haber leído el contexto general de las mencionadas protestas, de hecho, se
acopló a ella bajo las críticas a “los políticos ladrones” y al “que se vayan
todos”, pero ciega a lo que pasa en el interior, donde el conflicto pasó casi
desapercibido ya que en las regiones más deprimidas las prioridades pasan por
otro lado.
Castillo fue favorecido por el voto del “Perú profundo”, con
triunfos en las mayoritarias regiones de la zona centro (andina) y sur del país
y adverso en las grandes ciudades de la costa y oriente como Lima, Trujillo o
Iquitos a excepción de Arequipa donde ganó Castillo. Otro dato es que a la hija
del ex presidente le fue mejor con el voto de peruanos en el extranjero, por
ejemplo, en Argentina obtuvo el 57 por ciento.
Las denuncias de Fuerza Popular, el partido de Keiko
Fujimori, en la que se siembran dudas en relación al conteo de los votos y
piden la nulidad de algunas mesas, es el mismo que se han empleado en Bolivia,
previo al golpe que destituyó a Evo Morales, y Argentina. Si bien las denuncias
no parecen tener sustento, la operación es bastante clara: sembrar la duda
respecto al proceso eleccionario y legitimidad del nuevo gobierno para
condicionarlo desde la “legalidad” con el apoyo de los medios concentrados de
comunicación, más allá que si luego se prueba que no existió tal trampa.
Fantasmas de ayer y hoy
Durante la campaña previa a la segunda vuelta, los sectores
del “fujimorismo”, secundados por los partidos de derecha y el todopoderoso
grupo mediático del diario “El Comercio”, agitaron el fantasma del “comunismo”
en aras de “la libertad”, con acciones pocas veces vistas como a aparición de
grandes paneles luminosos colocados en las vías de tránsito más concurridas en
Lima. Pero dieron un paso más con la participación de algunos jugadores de la
Selección Peruana de Fútbol con spots televisivos enfundados en la camiseta
bicolor apoyando “la democracia y la libertad”, lo que representó un gran
repudio de gran parte de la población. La derecha en Perú agita desde la
paranoia y de manera irresponsable los fantasmas de la guerra sucia de los años
80 cuando un sector anti establishment se empieza a erigir como alternativa
política y lo “terruquea”, término que viene de la palabra “terruco” que es el
apelativo que se le dio a los guerrilleros de Sendero Luminoso. Es lo que le
pasó a Verónika Mendoza, la candidata de izquierda en las elecciones de 2016
donde fue elegido el posteriormente destituido por corrupción Pedro Pablo Kuczinski.
Es notable la actitud pendularia de Mario Vargas Llosa,
acérrimo rival de Alberto Fujimori en la elección de 1990 al que calificó, en
su autobiografía “El pez en el agua”, de cómplice del aprista Alan García Pérez
y causante del atraso en Perú y de “populista”. Festejó también el
procesamiento y detención del ex Presidente “Nisei” y ahora, apoyó abiertamente
a su hija, Keiko Fujimori. De hecho su hijo, Álvaro, acompañó a la candidata en
el cierre de campaña. Esto se puede explicar debido al odio del autor de “La
ciudad y los perros” contra los procesos populares en América Latina, lo que le
crea amnesia, estado mental muy común en personajes de la derecha mundial.
El triunfo democrático de candidatos de izquierda o centro
izquierda son noticia en un país como el Perú, considerado últimamente como el
nuevo “milagro” económico luego del estallido social en Chile y el cambio de la
constitución pinochetista; o las puebladas de Colombia, que le torcieron el
brazo a un intento del gobierno de Duque para afectar a la población con más
impuestos.
La histórica elección de Pedro Castillo, abriría un nuevo
panorama en el equilibrio político en una Sudamérica que parece sacudirse de
encima las políticas neoliberales. El triunfo de un gobierno con una doctrina
más cercana al pueblo, por fuera de las reglas del mercado y pensando en los
excluidos, encontrará siempre la contracara de los sectores más concentrados y
reaccionarios del poder real, que harán todo lo posible para no perder sus
privilegios. Lo que viene para Pedro Castillo y lo que haga de acá en más, será
decisivo para el pueblo peruano muy necesitado de justicia social, al igual que
la gran cantidad de las naciones de nuestra América Latina.
